adnoby o el blues de la eterna juventud

Publicado el Ene 24, 2012 en Actualidad, Fotografías

adnoby. Fotografía de Raúl Ochoa / El Correo de Burgos

A.S.R. / Burgos 
Publicado en El Correo de Burgos el 18 de febrero de 2010

El tiempo se detiene en escena para los siete miembros del grupo burgalés. Comenzaron de pueblo en pueblo en los 70, pararon quince años en los 80 y reaparecieron en el año 2000.
Del elixir de juventud, juventud, que cantara Antonio Vega, bebieron juntos prometiéndose
la vida los chicos de Adnoby, que son chicos y no señores aunque algunos peinen canas. Ni las calvicies, ni las arrugas ni los kilos de más duelen cuando suben al escenario. La música los llamó hace más de treinta años y a sus cantos de sirena continúan respondiendo con gusto. Cualquier momento es bueno para juntarse, para tomar un vino, hacer exaltación de la amistad y poner la banda sonora a otra noche más con versiones de los Deep Purple, Pink Floyd, Supertramp, Los Secretos, Miguel Ríos… Y si es con un fin solidario, como su último concierto en la capital burgalesa por las víctimas de Haití, mejor.

adnoby en 1977

Este festival fue una buena excusa para compartir tablas de nuevo. Lo suelen hacer una o dos veces al mes para no perder la costumbre. Pero es difícil reunirlos a todos. Hace tiempo que cada uno tiene su vida y no todos en Burgos. Entre vino y vino viajan al pasado. En el trayecto se echan unas risas.

Vestían pantalones de campana y gastaban patillas cuando entre las paredes del entonces Instituto Masculino, hoy Diego Porcelos, nació Adnoby. Corría el año 1976. «Ese verano hicimos cuatro pueblecitos en plan muy desmadrado», recuerda Carlos Molinero, uno de los fundadores de la banda que hace suyo el nombre de la diosa egipcia Anubis.

Pronto los cuatro pueblecitos se convierten en una auténtica gira de verano. De verbena en verbena. El éxito los sonríe. Encima de la escena, con la música, y debajo, con las chicas.

adnoby en 1980

Para conseguir lo primero combinan las canciones lentitas -«había que arrechucharse un poquillo, pero ahora tocas una y se te van todos»- con los éxitos delmomento, tanto en español como en inglés, «bueno en valenciano rápido porque entonces de inglés ni flowers», se sincera Carlos.

Poco esfuerzo requería el éxito entre el público femenino. Lo tenían asegurado. «En aquella época tocar en un grupo fueras feo o guapo te daba un papel tremendo, llegabas y para las chicas decir que se habían ligado al músico era la leche por lo que te lo ponían muy en bandeja», comenta Agustín para desmentir que fuera el guaperas del grupo.

Y es que, le ayuda Carlos, entonces la banda que tocaba en las fiestas de una localidad las vivía como un paisanomás. Se hacía las dianas, el vermú, el baile, la verbena, se pasaba por las peñas, amanecía con las mozas y mozos… Hasta tuvieron que salir por piernas de algún sitio.

Aquellos maravillosos años serían diez. Terminados los estudios, cada uno sigue una senda y el camino que los une se pierde en 1986. Unos y otros hacen sus pinitos por ahí. Pero no es lo mismo. Y el reencuentro se produce en las navidades del año 2000. Hasta hoy. Y lo que te rondaré morena.

Con el nuevo milenio han dejado la pachanga a un lado y se dedican a versionar a los grandes de los sesenta, setenta, ochenta, noventa y dosmil. Seducen a varias generaciones con Pink Floyd, Dire Straits, Eric Clapton, Queen, Beatles, Rolling Stones, La Frontera, Antonio Flores, Manolo García… Los más viejos se mecen en una olvidada juventud y los nuevos descubren canciones que creen de hoy.

Sus sueños son diversos. Desde ser músico de crucero a enamorar a Pilar Rubio. Después de unas risas se ponen serios y no para ser originales. Ellos como todos los músicos, de ayer y de hoy, quieren disfrutar sobre el escenario y que el público lo haga con ellos. También seguir recuperando los 18 años cada vez que se ponen a tocar y, sobre todo, morirse siendo amigos.

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